CORNWELL, BERNARD
A veces suena la flauta por casualidad, y eso me ocurrió a mí con estos
volúmenes. Lo digo porque lo compré de saldo en una conocida empresa de venta
de discos y libros, por desgracia ya extinta.
Llevaba varios catálogos leyendo su título: “Crónicas del Señor de la
Guerra”, sin que me atrajera en demasía su contenido con una sentencia que se
me antojaba relacionada con la enorme secuela de numerosos títulos y baja
calidad de los mismos que trajo al mundo “El Señor de los Anillos”.
Me confieso ferviente lector de este último, y como su genialidad he
intentado encontrarla en tantos profusos descendientes, sin éxito por ahora,
creí hallarme ante otro vástago bastardo más de la saga de Tolkien.
Nada más lejos de la realidad.
Algo me hizo leer el comentario al pie del título, y allí se hacía
referencia a su real contenido: una historia novelada del Rey Arturo y su
época. Y eso es exactamente lo que, para mi gusto y personal deleite, encontré
en estos tres magníficos volúmenes.
Los tres libros de los que consta la colección de “Crónicas del Señor de
la Guerra” significó para mí enfrentarme a la que es, por ahora, la mejor
visión “histórica” de lo que pudo ser realmente el personaje del Rey Arturo. En
un mundo situado en la Alta Edad Media, con influencias romanas siempre
presentes, con la amenaza sajona de la invasión de la tierra de los celtas
insulares (celtas, galos, Gales)
en lo que acabaría siendo la Tierra de los Anglos (o Inglaterra), con la
sucesión de las religiones druídicas ancestrales por el cristianismo… Todo ello
tratado con una maestría y una coherencia no muy propias de este tipo de
novela.
Al que le guste el misterio y la magia, le gustará este libro. Están
presentes a todo lo largo y ancho de la historia que desarrolla, pero tratadas
con tal exquisita sutileza que es imposible rebelarse contra su presencia, cosa
bastante fácil de hacer en otras novelas de esta índole.
Al que le guste la novela épica, le gustará este libro. Cada uno de los
volúmenes contiene al menos un clímax de heroicidad tan bien relatada que sólo
puedo compararla, si ustedes conocen la otra novela mencionada, con la carga de
los rohirrim a las puertas de Góndor. Con el añadido de que muchas de ellas
tuvieron que suceder como hechos históricos, aunque, evidentemente, no tal y
como aquí se relatan. Por ejemplo, descubriremos la batalla de Monte Badon,
donde el avance sajón fue detenido por un caudillo insular, que algunos
mencionan como Artorius, en un encuentro que significó una aplastante derrota
para los “hombres de las hachas” (sax-men,
de donde deriva el nombre de sajones).
Al que le guste el mito, le gustará este libro. Cornwell establece una
adecuada manera de entender cómo la historia genera héroes, leyendas, episodios
de grandeza humana que acrecientan el acervo de la humanidad, y que el correr
del tiempo y los entresijos de la mentalidad colectiva del hombre enlaza con
los símbolos universales de los que hablaba Jung.
Y
sobre todo, al que le guste lo inesperado, la acción pendiente de un hilo,
sopesar cómo pequeñas decisiones pueden cambiar el curso de una buena historia,
le gustará este libro. Aunque la Saga del Rey Arturo es una de las leyendas que
me fascina, no había encontrado ninguna historia bien contada de la misma, por
una sencilla razón: todos sabemos cómo acaba. Es como ver una película sobre El
Cid; ya sabemos el final.
Con esta novela no.
Hasta el último instante, hasta el desenlace final, puedo prometer que no
sabrán cómo acaba. Simplemente por ello, ya merecería la pena leer este
libro.
Que lo disfruten.
Nota: Artículo propio ya publicado hace años en la web

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